Citas discretas

Discreción y consentimiento en las relaciones extramatrimoniales

Son dos cosas que se confunden a menudo y que funcionan al revés. La discreción mira hacia fuera; el consentimiento mira hacia la persona que tienes delante.

Dos adultos conversando en butacas enfrentadas en el hall de un hotel por la noche, vistos de lejos

Dos cosas distintas que se confunden

La discreción es hacia fuera. Consiste en decidir qué información tuya llega a terceros que no tienen por qué saberla: tu entorno, tu trabajo, cualquiera que se cruce con un dato suelto. Es legítima, es la razón de ser de un servicio como este y no perjudica a nadie.

El consentimiento es hacia dentro. Tiene que ver con la persona con la que estás hablando: qué sabe, qué está decidiendo con esa información y si en cada momento quiere seguir. No depende de lo discreto que seas, y la discreción nunca funciona como argumento para recortarlo.

Donde se mezclan las dos es donde empiezan los problemas. «No le cuento nada porque necesito discreción» mete en el mismo saco a tu cuñado y a la persona con la que vas a quedar el jueves, y son situaciones completamente distintas.

Qué puedes reservarte sin más

Casi todo lo que no condiciona la decisión de la otra persona. Y es bastante:

  • Tu nombre completo y tus apellidos.
  • Dónde trabajas, en qué empresa y con qué cargo.
  • El barrio exacto donde vives o tu dirección.
  • Tu círculo de amistades y tu familia.
  • Tus redes sociales y tu teléfono, al menos mientras no haya confianza.
  • Los detalles de tu vida que simplemente no te apetece contar.

Nada de esto perjudica a nadie, y de hecho protegerlo es lo sensato: una vez enviado un dato, no se recupera. Cómo hacerlo en la práctica está en proteger tus datos.

Qué no entra en el apartado de la privacidad

Lo que afecta a lo que la otra persona está decidiendo. Y eso se reduce a tres cosas bastante concretas.

La primera, tu disponibilidad real. Si solo puedes un martes al mes y con dos días de aviso, decirlo cambia lo que esa persona va a esperar de esto. Prometer una disponibilidad que no tienes no es discreción: es dejar que alguien organice su tiempo contando con algo que no va a pasar.

La segunda, los riesgos que asume. Si hay cualquier circunstancia en tu situación que pueda afectarle —desde la posibilidad de que aparezca alguien hasta cuestiones de salud sexual—, esa información es suya tanto como tuya. La tercera, qué puede esperar. No hace falta anunciar cada detalle de tu vida, pero sí no dejar que se haga una idea que sabes que es falsa.

Nada de esto exige contar tu situación completa. Una frase basta: «yo tengo pareja y esto no va a cambiar», o «ahora mismo no sé qué voy a hacer con mi relación». Es información, no una confesión.

Dicho de otra forma

Privacidad legítima

No dar tu nombre completo, no decir dónde trabajas, no enseñar la cara al principio, no contar tu vida familiar. Protege tus datos y no quita nada a nadie.

Información que sí le toca

Tu disponibilidad real, cualquier circunstancia que afecte a sus riesgos y lo que puede o no esperar de esto. Es lo que necesita para decidir si quiere seguir.

Omitir con consecuencias

Dejar que alguien crea que estás libre, que esto puede ir a más o que vas a tener un tiempo que no tienes. No es discreción: es información retenida que cambia su decisión.

Lo que nunca depende del acuerdo

Que cualquiera pueda decir que no en cualquier momento, y que ese no se respete sin insistir ni pedir explicaciones.

El consentimiento no se acuerda una vez

Es la parte que más conviene tener clara, porque en una relación discreta hay factores que empujan en la dirección contraria. Los encuentros son escasos, cuestan de organizar y a veces implican desplazarse: todo eso crea una sensación de «ya que estamos» que no es un argumento.

El consentimiento se mantiene durante todo el encuentro y puede retirarse en cualquier momento, sin que haya que justificarlo. Haber hablado mucho antes, haber acordado un plan concreto, haberse desplazado, llevar meses viéndose o haber dicho que sí hace una hora no obliga a nadie a continuar. Un cambio de opinión a mitad de camino vale exactamente igual que un no dicho al principio.

Y responder a ese no sin insistir, sin pedir explicaciones y sin hacerlo pesar es la parte menos negociable de todo esto. Insistir «porque hemos venido hasta aquí» o «porque lo habíamos hablado» es precisamente lo que el consentimiento no admite. Esto vale en los dos sentidos: también tú puedes parar cuando quieras.

Tienes las reglas de convivencia completas en las normas de la comunidad, y las recomendaciones prácticas en nuestras recomendaciones de seguridad.

Cómo se dice todo esto sin que parezca un trámite

Por mensaje y pronto, en una o dos frases, antes de cerrar ningún plan. No hace falta una conversación solemne ni dar explicaciones largas: lo que hace falta es que la otra persona tenga la información antes de tomar una decisión, no después.

«Yo tengo pareja y esto no va a cambiar; dime si te encaja así» resuelve en una línea lo que luego cuesta semanas deshacer. «Puedo un par de veces al mes y necesito avisar con antelación» evita que alguien organice su tiempo contando con otra cosa.

Y si la respuesta es que no le encaja, esa es una respuesta válida y conviene aceptarla a la primera. Haber sido claro no te da derecho a insistir. Lo que sí hace es dejar a las dos partes en una situación limpia, que es de lo que va todo esto. Para el resto de acuerdos prácticos, cómo acordar límites y expectativas; y si quieres entender mejor el término, lo explicamos en qué describe el término.

Preguntas frecuentes

¿Dónde está el límite entre discreción y ocultar información?

En si lo que callas cambia la decisión de la otra persona. No dar tu nombre completo, tu trabajo o tu barrio es privacidad y no quita nada a nadie. Dejar que alguien crea que estás libre, que esto puede ir a más o que vas a tener un tiempo que no tienes es información retenida que sí afecta a lo que decide.

¿Tengo que contar mi situación sentimental?

No con detalle ni en el perfil. Lo que sí conviene es no dejar que la otra persona entienda otra cosa, y eso se resuelve con una frase antes de quedar. No es una confesión: es la información que necesita para decidir si quiere seguir.

¿El consentimiento se puede dar por adelantado?

No de forma definitiva. Se mantiene durante todo el encuentro y puede retirarse en cualquier momento, sin justificarlo. Haber quedado, haberse desplazado, haber acordado un plan o llevar meses viéndose no compromete a nadie a continuar, y un cambio de opinión a mitad de camino vale igual que un no desde el principio.

¿Qué hago con las fotos cuando la relación termina?

Borrarlas. Es el gesto que mejor cierra las cosas y el que conviene pedir también por tu parte. Difundir imágenes íntimas de alguien sin su permiso es un delito, aunque te las enviara voluntariamente y aunque la relación haya acabado mal.

¿Y si la otra persona no respeta un no?

Corta el contacto, bloquea el perfil y denúncialo en la plataforma. Un no no se discute ni se repite: si alguien insiste después de que lo hayas dicho una vez, el problema ya no es un malentendido. Si hay amenazas o presión de cualquier tipo, guarda las capturas y acude a la policía.

Claridad hacia dentro, discreción hacia fuera

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